UN MANTO DE AMOR

 

Ante cierto tipo de personas puede aparecer polémica la compra o restauración de los objetos de arte, especialmente, si están dedicados al culto. Quienes así opinan confunden los planos de la realidad y, en consecuencia, su reflexión aparece viciada con frecuencia por motivos ideológicos. El arte, hay que decirlo sin complejos, es expresión del alma humana en sus ricas manifestaciones y, en consecuencia, no hay mejor vehículo de expresión de la experiencia religiosa que el arte inserto siempre en la mediación de una cultura concreta.

El arte, en general, por tanto, nace de la experiencia vital, y se expresa en diversas formas para ser admirado y contemplado. El arte religioso, en particular, además, tiene la misión de acercar el misterio de Dios a los hombres. Ante una puesta de sol o ante la belleza de una imagen salida de la gubia del escultor sólo cabe la contemplación y el asombro Cfr. Persona que contempla la Catedral, cuando el listo señala la luna el tonto se queda mirando al dedo.

Las Hermandades, por encargo de la Iglesia y por propia iniciativa, a través de la historia, han creado, conservado, custodiado y restaurado una buena parte del arte religioso existente en nuestras iglesias. Y cuando hablamos de arte religioso no sólo nos referimos a magníficas tallas de los Cristos y Vírgenes, sino también al arte de la orfebrería, de los bordados, la candelería, trabajos con la cera, bordados, mantos y un sinfín de manifestaciones. Reivindicación de HH.CC. como generadoras de arte y cultura.

Las Hermandades, asociaciones de fieles cristianos, han recibido de la Iglesia la especial encomienda  de cuidar el culto público, hoy de mayor necesidad que en otros tiempos, cuando se quiere relegar la experiencia religiosa y sus expresiones al solo ámbito de la conciencia o, a lo sumo, del templo como único espacio sagrado.

Es obligación de las Hermandades velar por el patrimonio al tiempo que promover la piedad y devoción de los fieles a través del arte. La belleza ha sido siempre un vehículo privilegiado para acercar al ser humano al ámbito de lo religioso y cristiano. “La tradición patrística y Santo Tomás justifican la  presencia de imágenes porque ayudan a la instrucción del pueblo sencillo; porque hacen presente a nuestra contemplación la historia de la salvación y los ejemplos de los santos que la vivieron en plenitud; porque mueven a devoción y alimentan nuestra vida  cotidiana, ya que el  hombre asimila mejor lo que oye si lo ve"[1]. De ahí que el Concilio recomiende que las imágenes sean bellas, dignas y decorosas para expresar mejor simbólicamente las realidades celestiales”[2].  La devoción y culto a las imágenes, sin duda alguna, es una de las manifestaciones del catolicismo popular con más arraigo[3].

En consecuencia, sólo unos pocos a lo largo de la historia preguntarán por el coste de la restauración de esta obra y miles contemplarán su belleza extasiados por el arte de sus bordados y materiales preciosos y hermosos.

Acercamiento al lenguaje de la Religiosidad Popular

La fe se recibe en el ámbito de una cultura y es allí donde se explicita. Por consiguiente, la fe es generadora de cultura. Omito aquí adrede las interpretaciones paganas y laicistas sobre el tema. La encarnación situó a Cristo en el marco de un pueblo concreto, una época, un momento histórico singular, un lenguaje particular. Nosotros estamos insertos en una cultura concreta.

En toda lengua se asiste al misterioso receptáculo de una historia y una tradición. En efecto, en la lengua se encuentra recogida toda la tradición del pueblo. Cada una de sus expresiones es el resultado de un largo proceso histórico. El pueblo, generalmente, no conoce el origen del lenguaje de la religiosidad popular pero lo entiende y habla a la perfección. Aquí surge una contradicción entre el estudioso del tema y el pueblo. El primero trata de desentrañar, escrutar y explicar; el segundo, vive y celebra.

El lenguaje va creando también unidad en el pueblo porque aquellos que conectan con unas mismas expresiones es porque conectan anteriormente con un mismo estilo de vida. Cada colectivo expresa su fe con unas expresiones que, fuera de ese contexto, son poco inteligibles y, en algunos casos, pueden resultar hasta irreverentes.

La Iglesia es esencialmente popular porque ésta es una comunidad de creyentes que viven insertos en el pueblo. La Iglesia institucional tiene que hacer el esfuerzo de comprender al pueblo. Un ejemplo que se nos muestra con total evidencia es la importancia que el pueblo concede a la cultura óptica, que ha dado lugar a una pléyade de imaginería y ricas manifestaciones artísticas, en contraposición a la cultura auditiva, fundamentalmente, por medio de la palabra.

La imagen, en este contexto, adquiere vida para el pueblo. Después de los estudios del antropólogo cultural Oscar Lewis (1949), hemos tomado conciencia con nitidez que el pueblo tiene una manera singular de concebir la vida, su historia y la manera de interpretarla siempre desde su propio ambiente y situación. Las mediaciones harán a Dios presente entre el pueblo para que éste se acerque a Dios.

Lectura del Evangelio con los Ojos de la Piedad popular. Manto de Amor.

El texto de Mc 5, versos 24 a 34 presenta a Jesús “acompañado de mucha gente que lo apretujaba”. Ciertamente que Jesús acaba de realizar algunos milagros y despertaba admiración. Muchos siguen a Jesús, lo sepan o no, porque tienen necesidad de Dios, de que Dios llene su corazón de sentido. Parecida experiencia ocurre cuando la imagen de la Virgen sale a las calles de nuestra Ciudad, muchos, por razones diversas incluso, acuden admirados para sumergirse en el misterio que abarca e incluye todos los sentidos en una experiencia de totalidad, personal y comunitaria, que podríamos expresar como “arropados, acogidos, arrullados, bajo el manto de la Virgen”.

“Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años” (v.25). Aquella mujer no acudió al espectáculo por curiosidad sino por necesidad. Dentro de la multitud hay alguien diferente, con un fin diferente, con un corazón diferente. También hoy, mucha gente, acude a Jesús, a veces a través de la intercesión de la Virgen María, por necesidad. Si las piedras hablaran, el santuario, la imagen de la Virgen, contarían infinitas historias de dolor de sus hijos necesitados. Ríos de lágrimas recorrerían nuestras calles hasta llegar al mar.

“Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos y se había gastado toda su fortuna; pero en vez de mejorar, se había puesto peor” (v. 26). Mujer agotada, sin esperanza, físicamente rota.

“Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con solo tocarle el vestido, curaría” (v.27). Grande es la fe de la gente sencilla. No repara en medios. El hecho de que los enfermos toquen el manto de Jesús y se curen es figura de la vida que dimana de su persona (Mc 5,27.29 y 6,56 “Colocaban a los enfermos en las plazas y le rogaban que les dejase tocar aunque fuera el borde de su manto; y cuantos lo tocaban obtenían la salud”).

Quitarse el manto significa en el evangelio de san Juan tal y como nos lo recuerda el relato del lavatorio de los pies (Jn 133: “se levantó de la mesa, dejó el manto…” y vuelve a ponérselo al final (13,12: “cuando les lavó los pies, tomó su manto y se recostó de nuevo en la mesa”) indica la entrega de la persona de Jesús y la entrega de su persona/vida con libertad.

En Mc 10, 50 se da otro caso de uso figurado del manto que da mucha luz de cómo los evangelistas expresan un sentido profundo y teológico a modo de sencilla narración histórica. El gesto del mendigo ciego, cuando tira a un lado el manto, detalle aparentemente superfluo en la narración, antes de acercarse a Jesús (Mc 10,50: “El tiró a un lado el manto, se pusó en pie de un salto y se acercó a Jesús”, significa de algún modo que el ciego deja a un lado su vida o persona. Recobra la vista y, negándose a sí mismo, lo sigue por el camino (10,52).

Igual ocurre en el evangelio de san Juan en el episodio de la pesca milagrosa, aplicada a la persona de Pedro: “ Jn 21, 7: “Simón Pedro entonces, al oír que era el Señor, se ató la prenda de encima de la cintura, pues estaba desnudo, y se tiró al mar”. En este pasaje, “estar desnudo” significa no llevar puesto el paño que Jesús se ciñó en la Cena para servir a los suyos. Al ceñirse la prenda, Pedro significa que está dispuesto a servir, renunciando a toda ambición (“renegar de sí mismo” y “tirarse al mar” dispuesto a aceptar la muerte y cargar con la cruz).

“Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias (= pérdida de vida) y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió enseguida, en medio de la gente, preguntando: ¿Quién me ha tocado el manto? Los discípulos le contestaron: Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: ¿quién me ha tocado? El seguía mirando alrededor, para ver quien había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. Él le dijo: Hija, tu fe te ha curado (Fe terapeútica). Vete en paz y con salud” (vv. 29-34) [Consecuencias de la fe].

Posibilidades pastorales y evangelizadoras a través del Arte  

Un cristiano inteligente y con sentido eclesial sabe que en la casa de Dios todo tiene un lenguaje. Todo habla y todo debe conservar el sentido de lo sagrado y del misterio. Las imágenes tienen una misión: crear un clima de fe, alegría y oración, que facilite al pueblo la participación en el Misterio.

Riqueza catequética

"En Occidente. el Papa San Gregorio Magno había insistido sobre el carácter didáctico de las pinturas en la Iglesia, útiles para los iletrados, 'mirándolas. pueden leer al menos en las paredes lo que no son capaces de leer en los libros'. y subrayaba que esta contemplación debía llevar a la adoraci6n de la 'Unica. Omnipotente y Santa Trinidad'. " (DS 8). Pérdida del sentido de lo religioso.

"Santo Tomás de Aquino, hombre de fina penetraci6n espiritual y sabio teólogo de valiosa referencia. 've la utilidad de la imagen en su triple función: como instrumento de formación, o sea, para instruir a los que no saben leer, como ayuda para la memoria de los misterios de la salvación,  y como estímulo para la devoción' (libro IV sentencias, citado por Mariotti en Diccionario de Espiritualidad)".

Biblia de los pobres

"La iconografía cristiana transcribe mediante la imagen el mensaje evangélico que la Sagrada Escritura transmite mediante la palabra. Imagen y palabra se esclarecen mutuamente". (Catecismo 1160).

"La contemplación de las sagradas imágenes, unida a la meditación de la Palabra de Dios y al canto de los himnos litúrgicos, forman parte de la armonía de los signos de la celebración para que el misterio celebrado se grabe en la memoria del corazón y se exprese luego en la vida nueva de los fieles". (Catecismo 1162)

"Por medio de la oración, Teresa ha buscado y encontrado a Cristo. Lo ha buscado en las palabras del Evangelio, que ya desde  su juventud 'hacían fuerza en su corazón' (Vida 3,5); lo ha encontrado ´trayéndolo presente dentro de sí' (Vida 4, 7); ha aprendido a mirarlo con amor en las imágenes del Señor, de las que era tan devota (Cf. Vida 7,2; 22,4); con esta Biblia de los pobres -las imágenes- y esta Biblia del corazón –la meditación de la palabra- ha podido revivir interiormente las escenas del Evangelio y acercarse al Señor con inmensa confianza". (Juan Pablo II en Avila, 1. II. 82). Las imágenes, pues, llevan a la contemplación del misterio de Dios hecho hombre por amor.

Tocan el corazón de los hombres

"Nuestra más auténtica tradición, que compartimos plenamente con nuestros hermanos ortodoxos, nos enseña que el lenguaje de la belleza,  puesto al servicio de la fe, es capaz de tocar el corazón de los hombres y hacerles conocer, desde dentro, a Aquel que nosotros nos atrevemos a representar en imágenes, Jesucristo, Hijo de Dios hecho mismo ayer y hoy y por los siglos de los siglos' (Heb. 13,8)' (DS 12)

Ayudan y sostienen la oración

"Sin ignorar el peligro de un resurgir, siempre posible, de las prácticas idolátricas del paganismo, la Iglesia admitía que el Señor, la Bienaventurada Virgen María, los mártires y los santos fuesen representados bajo formas pictóricas y plásticas para sostener la oración y la devoción de los fieles". (DS 8)

"La belleza y el color de las imágenes estimulan mi oración. Es una fiesta para mis ojos, del mismo modo que el espectáculo del campo estimula mi corazón para dar gloria a Dios". (San Juan Damasceno. De las Sagradas Imágenes 1, 27). Esto es lo que siente y vive el pueblo sencillo y creyente cuando se postra ante una imagen ayudado por su atrayente figura y estimulante gesto, y vuelca en Dios su coraz6n abriéndose a la súplica, a la gratitud o a la alabanza.

 

Conclusiones

  1. Hoy hemos restaurado el manto porque: alguien lo donó, uso a lo largo del tiempo, desgaste (muerte) y recuperación (resurrección).
  1. Finalidad: para la Virgen. Donación de la materia pero donación también de las personas. Éstas han querido que su oración esté eternamente presente junto a la medianera e intercesora de la gracia.
  1. Revestida de gloría, “una mujer vestida de sol” Cfr. Apoc. 13 que vencen al dragón y nos ayuda a vencer al mal. Es la mujer más hermosa que ha creado Dios, “la llena de gracia”.
  1. Sentido pedagógico: un lugar (santuario); una imagen (Virgen) un manto (predilecta de Dios, “Bajo tu amparo nos acogemos /Santa Madre de Dios:/ no desprecies las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades;/ antes bien, líbranos siempre de todos los peligros,/ Virgen gloriosa y bendita”.
  1. Gratitud: todo nos parece poco para la persona a la que amamos. Imitación/conversión/Vida en el amor/Caridad.
  1. Consecuencia: el manto, tejido con hilos finos de amor, es figura y representación de nuestro amor a María y signo de su protección.

 

[1].CARTA PASTORAL DE LOS OBISPOS DEL SUR DE ESPAÑA, "Hermandades y Cofradías", 1988, nn. 17-19.

[2].Ibidem, 122.

[3].Cfr. A.D.CASADO ALCALDE., "El culto a las imágenes en Andalucia -De lo manifiesto a lo latente-" en: P. GÓMEZ GARCÍA (ed), Fiestas y religión en la cultura popular andaluza, Granada, Universidad de Granada, 1992, pp.107-117.