LAS RELIGIONES ABRAHÁMICAS

 

Abarcó una zona del antiguo Medio Oriente: va desde Mesopotamia hasta Egipto. Fue junto a las riberas de estos sistemas fluviales donde nacieron las primeras civilizaciones urbanas. Las más antiguas surgieron al sur de Mesopotamia, llamada “cuna de la civilización”.

Alrededor del año 3500 a. C., llegaron  los sumerios, pueblo no semítico que procedía, según se cree, de Asia central. Los nuevos habitantes permitían mantener una población en creciente aumento. Como consecuencia de este crecimiento surgió una civilización más compleja que la anterior. Desarrollaron un sistema sociopolítico basado en la ciudad – estado.

Egipto era una región mucho más aislada geográficamente, hecho que marcará el carácter del país y de su cultura. Al no existir la constante amenaza exterior, como padecía Mesopotamia, los egipcios no construyeron grandes ciudades amuralladas y durante mucho tiempo no dispusieron de un ejército permanente.

Los egipcios fueron los primeros que construyeron estructuras de piedra monumentales.

La geografía bíblica no empieza en Palestina, sino en el valle del Éufrates. Los nombres más antiguos de lugar que podemos identificar en la Biblia son los que guardan relación con Abraham, concretamente Ur y Jaran.

Imagen de una media luna con sus extremos en los golfos Pérsico y de Suez, con su mitad extiéndase a lo largo de la actual frontera turca. Esta estrecha franja recibe el nombre de “Creación Fértil”.

La existencia de agua determinó el establecimiento de centros agrícolas o sedentarios. Los movimientos de Abrahám coinciden con la más importante ruta de caravanas que unía Egipto con Babilonia.

El papel histórico de Canaán deriva de su carácter de vía de enlace entre Egipto y Mesopotamia. A lo largo de la costa mediterránea y las montañas situadas tras el Jordán surgieron dos importantes rutas comerciales:

·         Camino del mar.

·         Calzada del Rey.

Fuera de la Biblia no hay alusión alguna a ellos. El periodo patriarcal se suele situar, sin poder dar fechas exactas, entre los años 2000-1700 a. C. No se puede considerar a los patriarcas como figuras míticas, ya que los descubrimientos arqueológicos han puesto en claro que la descripción bíblica de los patriarcas y su tiempo no es notablemente exacta. Estas tradiciones referentes a los patriarcas han sido conservadas en textos, datan aproximadamente del siglo X o del siglo IX-VIII a. C., pero recogen tradiciones mucho más antiguas.

Isaac y Jacob son descendientes de Abraham y, como él, jefes de clan. Siguen recorriendo la tierra de Canaán sin confundirse con otros pueblos. Se van formando sentido de Dios que les distinguen de todos los demás. Israel cree en un Dios personal con quien se puede establecer una alianza.

También se puede admitir que las tradiciones referentes a los patriarcas no son simplemente un hecho histórico. Pertenecen al género de las tradiciones familiares.

Es el primero de los patriarcas cuya historia cuenta la Biblia. El más importante y el más misterioso. Los judíos dicen: “Es nuestro padre en la fe”. Los cristianos y los musulmanes lo llaman padre de los creyentes. Abraham es considerado por los musulmanes, quienes le llaman Ibrahím: antepasado de los árabes por medio de Ismael. Para el Islam, Abraham es el prototipo del musulmán, de quien se dice que llego del monoteísmo por la pura razón, antes de recibir la revelación. Junto con su primogénito construyó la Meca e instituyó los ritos de la peregrinación. Hombre sometido a sí mismo a Dios: un musulmán. Para la Biblia aparece Abraham como un peregrino en busca de la “Tierra prometida”. Dios le llama y Abraham responde con fe. Miles de personas pertenecientes a las tres principales religiones de Occidente le invocan como “Padre de los creyentes”.

Situada a orillas del río Éufrates. En el río se reflejaba la gran ciudad con su gigantesco templo o zigurat.

Dios le llama y Abraham responde con fe. Dios le promete precisamente aquello que más le falta y más necesita: descendientes y tierra, algo que amar y cuidar. Abraham comprende que el Dios que le llama es incompatible con las antiguas supersticiones y creencias. Con una fe firme y una esperanza abierta deja de su tierra para obedecer a aquel Dios justo y bueno que le manifiesta su amor con una bendición generosa. Su fe inaugura una nueva manera de entender la vida.

Es probable que Abraham descendiera por el valle del río Yabok antes de cruzar el Jordán y entrar en Canaán. Después se dirigió al encinar de Moré en Siquén. El Señor le prometiera dar esa tierra a sus descendientes, primer altar en Canaán.

Siguió hasta el sur y levanto un segundo altar.

Después de cruzar el Negueb, Abraham volvió a la región de Betel y acampó de nuevo en sus tranquilas colinas. Aquí surgieron rivalidades.

Cuando llego al encinar de Mamré, cerca de Hebrón, recibió noticias de que los reyes del norte habían atado las ciudades de la llanura y de que Lot había sido hecho prisionero. Entonces Abraham atacó de noche y los derrotó, y rescató a Lot, su hacienda, sus mujeres y a su gente. Le salio al encuentro el rey de Sodoma, Melquisedec. Bendijo a Abraham y dio gracias a Dios por haber puesto en sus manos a sus enemigos. Dios prometió a Abraham un hijo de su esposa Sara, le repitió sus primeras promesas y las confirmó con una alianza.

Ismael fue su nombre y los musulmanes árabes lo consideran como su progenitor.

Cuando Abraham renovó esta alianza, se estableció el rito de la circunsición.

Isaac quiere decir Dios ha sonreído.

La fe de Abraham encuentra su máxima manifestación cuando Dios, para ponerlo a prueba, le pide que sacrifique a su único hijo. Abraham obedece sin discutir. Dios le jura entonces que por no haberle negado su único hijo le colmará de bendiciones y hará su descendencia más numerosa que las estrellas del cielo y las arenas del mar. La tradición islámica cita a Ismael, no a Isaac, como la victima perdonada.

El relato del sacrificio de Isaac está lleno de emoción humana y es una de las obras de maestras del arte narrativo de los israelitas. La fe – confianza de Abraham era tan firme, que, de haberle ordenado Dios que sacrificara a su hijo único, no hubiera titubeado. Dios lo sabía bien, le dio a entender que reafirmaba su alianza con él.

En su origen, este relato era una leyenda sobre la fundación de un santuario israelita, explicación de la práctica de rescatar a los primogénitos.

En toda la Biblia hebrea se entiende la fe no como “un tener por verdadero” lo indemostrable, sino como confianza inquebrantable en una promesa irrealizable pro medios humanos, como fidelidad. Abraham es el prototipo y modelo de la persona creyente.

Abraham en lo humano es noble y generoso, hospitalario, amigo de la paz, pero valiente si es preciso combatir, rico en siervos y rebaños. En lo espiritual es amigo de Dios, que intercede insistentemente por las ciudades pecadoras de Sodoma y Gomorra. Su obediencia es total, pero no ciega.

Cristianos, musulmanes y judíos aceptan a Abraham como encarnación del hombre de fe inquebrantable, visión que aparece reflejada en el Nuevo Testamento.

Pero sus rasgos son suficientemente diferenciados para una asimilación demasiado rápida. En el Judaísmo, Abraham marca un nuevo comienzo. De Adán a Abraham, la tradición judía habla de tres comienzos: Adán, Noé y Abraham. Los dos primeros colocaron a la humanidad en un punto muerto. Abraham abrió una nueva vía al porvenir de la humanidad: historia, esperanza y confianza serán los rasgos de la aventura vivida por un pueblo y que le identifican.

La tradición cristiana retoma los dos rasgos como hombre de la promesa y como hombre de fe. Pablo rompe por un lado el vínculo entre la descendencia de Abraham y por otro el régimen de la ley y la pertenencia a un pueblo particular.

Para la tradición musulmana, Abraham es el restaurador del monoteísmo del pacto original. Contemplando los astros, dioses de sus padres, es conducido a reconocer la única fuente de luz. Los signos naturales pueden conducir, por un camino racional, a la fe. Modelo de la entrega absoluta de uno mismo a Dios.

En cada una de las tres tradiciones, la figura de Abraham desempeña el papel de expresar los ejes de la identidad propia.

Prof. María del Carmen Picón Salvador

Parroquia Santa María de los Ángeles