EL CRISTIANISMO

 

El monje Dionisio el Exiguo erró los cálculos al establecer la sincronización de los datos del evangelio de Lucas, y su error condiciona desde el siglo VI nuestro calendario. El error estaba en la muerte de Herodes, que hoy se sabe con toda seguridad que ocurrió en el año 4 antes de la era cristiana. Jesús nace en Belén de Judá, a poca distancia de la capital del reino, en tiempos del emperador Octavio César Augusto, en plena paz octaviana.

Hasta hace poco estos capítulos eran titulados “Historia de la Infancia”. Pero se ha constatado que el contenido de estos capítulos no corresponde a “historia”, se dan sólo muy pocos hechos, sin cronología, en torno a la concepción, nacimiento y primeros años de Jesús, y predomina en ellos la visión teológica de los escritores sobre su exactitud objetiva.

Se advierte también que los Evangelios de Mateo y Lucas no coinciden en episodio alguno, aunque sí en datos y detalles.

Las narraciones de la infancia de Jesús utilizan la técnica del midrás. El conjunto viene a subrayar que en la concepción y el nacimiento de Jesús quedan cumplidas las promesas hechas a los padres. Existe una historicidad en los hechos fundamentales, tales como el matrimonio de José y de María, la concepción virginal y filiación divina de Jesús y su nacimiento en Belén. Apariciones, sueños, diálogos, explicaciones, escenografías son objetivaciones de los evangelistas para dar cuerpo y realzar el significado de los hechos.

En el relato del nacimiento de Jesús del evangelista Mateo no se menciona el número de los magos de Oriente. El número tres surge hacia finales del siglo V, con diversos significados: alusión a la Trinidad, tres continentes, tres razas humanas.

Los “Magos” son el símbolo de las naciones paganas que vienen a adorar a Jesucristo, mientras que los pastores que adoran al Niño son el símbolo del pueblo judío. Cuando se dice magos, se quiere indicar que eran sacerdotes-astrólogos persas del culto mezdeísta, fundado por el profeta Zoroastro, que vivió en Persia entre los siglos VII-VI a. C. Cuando Zoroastro tenía treinta años tuvo una revelación que le indujo a predicar contra el politeísmo. Según la tradición murió realizando el sacrificio del fuego, que era la ceremonia central de la nueva religión.

Jesús fue hijo de la judía María, natural de Nazaret de Galilea, como atestiguan los relatos de la infancia de Mateo y Lucas. Con su resurrección y su exaltación no renunció a su naturaleza judía sino que la conservó de una manera gloriosa como el “eterno judío”. Es indudable que María perteneció a los “pobres de Yavéh”, es decir, a ese pequeño resto de Israel que esperaba con ansia la salvación de Dios. En María podemos ver, lo mejor del Israel antiguo; aquello que va a convertirse en Evangelio. El “sí” de María es un sí en representación de toda la naturaleza humana. Cuando el Hijo de Dios “vino a su casa, los suyos no le recibieron”. Esa fue la “espada que traspasaría el alma de María”: Ver que muchos de su pueblo rechazarían el Evangelio.

Los Evangelios nos hablan de María y del lugar que ocupa en la vida pública de Jesús. Frecuentemente ciertos textos del evangelio resultan incluso demasiado duros; parece como si Jesús quisiera poco a María, o por lo menos no tuviera en cuenta su sensibilidad de madre. El Evangelio según Marcos no deja de decir en más de una ocasión que los parientes de Jesús no entendían sus reacciones; también María participaría de los sentimientos de los familiares.

Estos textos muestran que en el reino de Dios no caben las influencias y que lo que cuenta de veras es la fidelidad a la palabra de Dios.

Los evangelistas Lucas y Juan: María trazan su personalidad religiosa. Todas las dimensiones espirituales características de los “pobres de Yavéh” de la Biblia convergen en María y componen su retrato espiritual: pobreza, servicio, temor de Dios, conciencia de su propia fragilidad, solidaridad con el pueblo de Dios, alegría, apertura y disponibilidad al plan divino, y confianza de las promesas de Dios fiel y misericordioso.

Lucas y Juan nos invitan a compartir dos actitudes prácticas. En primer lugar: “Desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones”.

A la actitud de alabanza se añade la acogida de María como madre por parte del discípulo al que amaba Jesús.

La fe de María tuvo que ir creciendo a lo largo de su vida, pero fue una fe ejemplar por su confianza ciega impregnada de meditación.

La prueba de fuego de la fe de María llegó al Calvario. Es la noche oscura de la fe. Por todo ello, María es un modelo para nuestra vida creyente.

El papel de María con relación a la Iglesia es inseparable de su unión con Jesucristo, deriva directamente de ella. Esta unión de la Madre con el Hijo en la obra de la salvación se manifiesta desde el momento de la concepción virginal de Jesucristo hasta su muerte.

Después de la Ascensión de su Hijo, María tuvo presente en los comienzos de la Iglesia con sus oraciones, junto a los apóstoles y algunas mujeres, pidiendo el don del Espíritu.

La Virgen Inmaculada, preservada libre de toda mancha de pecado original, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo y elevada al trono por el Señor como Reina del universo.

Siendo emperador del Imperio romano Tiberio, gobernando Judea y Samaría Poncio Pilato en calidad de procurador, y siendo tetrarca de Galilea Herodes; bajo el sumo pontificado de Caifás, Jesús comenzó su predicación en Galilea.

Durante estos treinta años aproximadamente, Jesús vivió treinta en Nazaret y los tres últimos años de su vida recorriendo las aldeas y pueblos, curando a los enfermos y anunciando la presencia del Reinado de Dios. Murió crucificado en las afueras de la ciudad de Jerusalén, bajo el poder de Poncio Pilato. Los discípulos de Jesús, a partir de la experiencia pascual, comenzaron a predicar que Jesús era el Mesías, el Hijo de Dios, que había resucitado.

En su pueblo, Nazaret, participa de la vida común, religiosa y social de su pueblo. En Nazaret, este hombre se pierde en el anonimato del grupo de los sin nombre.

En tiempos de Jesús, Palestina estaba compuesta por dos grandes regiones bien diferenciadas, separadas por el territorio de los Samaritanos: Judea, cuya capital era Jerusalén, y Galilea, donde se encuentra Nazaret. Un cuarto de la población de Galilea estaba entonces compuesta por no-judíos, no lejos del pueblo donde vivía Jesús, se encontraba un importante centro cuya población estaba muy marcada por la cultura y la civilización griegas.

En aquella época, Nazaret no gozaba de una buena reputación. El judaísmo galileo tenía, en aquella época, un ambiente cultural abierto. Existe una rivalidad entre Galilea y Judea. Todo esto permite que se comprenda mejor la actitud acogedora de Jesús hacia los no-judíos; su libertad hacia los múltiples preceptos que los fariseos añaden a la Ley, y también sus intenciones radicales contra el Templo de Jerusalén.

Jesús se comporta como un hombre libre de los vínculos familiares, de los poderes religiosos, políticos, de las ataduras de la ley y de las tradiciones. Por eso irradia libertad. Jesús nunca definió en qué consiste el Reino de Dios. Dios es el único Señor de la historia y viene a restablecer el orden violado.

El Reino de Dios se inaugura con Jesús, pero todavía persiste la situación maligna. Significa que continúa, hasta que se cumpla el plan definitivo de Dios, la contradicción fundamental entre la perversión del mundo viejo y la santidad del nuevo. La aceptación de este giro descansa en la fe. Cuando Dios se acerca irrumpe como amor libertador. Y se manifiesta a través de un signo inequívoco: el amor al oprimido y al pobre.

Para explicar el significado del Reino de Dios, Jesús utilizó las parábolas, que en la mayoría de los casos, contienen algo que nos resulta llamativo y hasta escandaloso, ataque a nuestros convencionalismos y a nuestra mentalidad habitual. Jesús destaca en sus parábolas la soberanía de Dios. La soberanía de Dios exige la actuación consecuente de la persona.

Esa soberanía de Dios se manifiesta de manera desconcertante en favor de los pobres, los lisiados, los ciegos y los cojos, los extraviados. Todo lo que aquella sociedad despreciaba y marginaba es puesto por Jesús en primer plano, en el plano de sus preferencias.

Es un hecho que Jesús hizo milagros. Está claro que con el tiempo, de un Evangelio a otro, se da la tendencia de aumentar y multiplicar los milagros. Los relatos de milagros de los Evangelios están construidos muchas veces de una manera análoga a como nos lo cuentan los escritores judíos o griegos. Es razonable que se admita que hubo hechos extraordinarios en cada uno de aquellos universos religiosos aunque se hayan exagerado para hacerlos más significativos. Como detalle revelador diremos que para designar los milagros de Jesús, los Evangelios utilizaban palabras que significaban “signos” o “actos de poder”.

Los hechos prodigiosos que se le atribuyen a Jesús expresan que hay en el mundo alguien que es más poderoso que el Maligno. Que el bien triunfa sobre el mal. Muestran que Jesús tiene el poder de inaugurar la era definitiva y el nuevo mundo.

La palabra bienaventuranza significa lo que ha de venir. La felicidad no consiste simplemente en estar bien, sino en estar haciendo algo que llena la vida. Evangelio de Mateo: encontramos ocho modos de felicidad en principio independientes. Así a cada actitud de vida le es prometida una bienaventuranza que se inicia aquí y tiene su plenitud en el más allá.

Jesús de Nazaret nos propone, con todo realismo, el camino que conduce a la Vida, a la Felicidad plena. Realizar la voluntad del Padre: compromiso, testimonio, dar la vida por los demás. Los sabios de Israel consideraban que la verdadera felicidad consiste en el cumplimiento fiel y exacto de la Ley de Dios. Jesús lo completa: la felicidad viene del hecho de vivir todo esto por “causa de Jesús”.

Los Evangelios mencionan explícitamente a Poncio Pilato, como el juez en última instancia en el juicio de Jesús. La muerte en cruz era para los romanos el suplicio más cruel e infame que existía. Si los judíos hubiesen ejecutado la sentencia a muerte, Jesús habría muerto lapidado. Se grababa en una placa de madera la razón por la que se condenaba a muerte.

Los romanos consideraban un peligro a todos aquellos en quienes el pueblo veía a un profeta o a un Mesías: judíos y paganos, autoridades religiosas y autoridades civiles también contribuyeron a la hora de condenarlo.

Lo hicieron comparecer ante el Sanedrín. Este tribunal condenó a muerte a Jesús y lo envió ante el procurador romano, para que ratificara la sentencia y para que procediera a su ejecución.

Resurrección quiere decir “volver a levantarse”. Resucitar no es volver a esta vida temporal. Los apóstoles confesaron unánimemente que Jesús murió, fue sepultado y resucito al tercer día para no volver a morir.

La resurrección de Jesús fue para ellos un paso hacia delante y no un retroceso. Fue una verdadera superación de la muerte y del reino de la necesidad, para entrar en el reino de la libertad. Jesús, resucitado de entre los muertos, fue “más allá”; en sentido cualitativo: comenzó a vivir de otra manera, en plenitud de vida.

Jesús no vino a realizar ninguna acción de liberación del pueblo judío de tipo político, sino que vino a salvarlo por medio de su pasión, muerte y resurrección.

Durante su vida terrenal Jesucristo se refirió frecuentemente a Dios como “Padre”, dando a entender que tenía con Él una relación muy personal y única. Después de la resurrección, los primeros cristianos expresaran con título de “Hijo de Dios” la unidad profunda existente entre Dios y Jesucristo.

Ha nacido de una mujer. Sus antepasados hunden sus raíces en la historia del pueblo elegido. Hombre situado en el espacio y el tiempo. La tierra de Palestina le ha visto nacer, crecer, trabajar y morir. Los hombres públicos de su tiempo, en el orden político y religioso, han quedado reseñados en los Evangelios: Anás y Caifás; Herodes y Pilato; Augusto y Tiberio.

Jesús tiene un cuerpo real, sentimientos humanos. Tiene amigos, sufrió la tentación, la soledad, la angustia y el miedo de la muerte.

Los que se llaman cristianos, cualquiera que sea la Iglesia en la que viven su fe, confiesan que Jesús de Nazaret es Dios y tal y como se manifiesta en el Credo.

Jesucristo, como Hijo de Dios y Palabra del Padre, al mostrarse a nosotros nos ha mostrado, a la vez, al realidad más íntima y misteriosa de Dios. Un Dios que en la Resurrección se manifiesta como Padre. En su vida terrena Jesucristo nos habló de Dios como Padre que busca con amor a los hombres.

Un Dios que en la Resurrección se manifiesta como Hijo en Jesucristo.

Un Dios que en la Resurrección se manifiesta como Espíritu Santo que arranca de la muerte a Jesucristo y se comunica a la Iglesia para llenarla con la nueva vida del Resucitado.

El Espíritu Santo es quien llena el vacío que con su partida deja Jesucristo entre los cristianos. Se comunica con los apóstoles.

La comunicación del Espíritu Santo permite un conocimiento del misterio de Dios experimentado como Padre, Hijo y Espíritu Santo, haciendo posible la confesión de fe en el Misterio de la Trinidad.

Nuestra sociedad parece incitarnos hacia una felicidad esclava de las cosas externas. Lo mismo sucedía en la sociedad en la que vivía Jesús, cambió los falso valores por los verdaderos, tomándolo por loco, subversivo, hereje, blasfemo. Y lo condenan a muerte en nombre del Dios que aquella cultura religiosa se había construido.

Cristo el Señor, manifiesta los planes del Padre: el ser humano ha sido creado para la vida y no para la muerte. La resurrección es la humanidad en su plenitud, consumación del proyecto divino. Resurrección: proyecto del Padre para toda la humanidad. Es la entrada del cuerpo terrestre en la plenitud de la vida del Reino.

Cristo-Jesús. Él es la plenitud de la humanización. La vida tiene sentido y la creación es la manifestación del proyecto de Dios.

Pero el ser humano absolutamente liberado no se ha realizado más que en Jesucristo. Estamos en la misma carne en la que estuvo Jesús de Nazaret y hemos de seguir sus pasos; estamos en el tiempo de la existencia cristiana.

Creer en Jesús es seguirle. Hemos de seguirle, reencarnando sus valores y viviéndolos en nuestra sociedad y en nuestro momento histórico.

El Nuevo Testamento sostiene que esta promesa se cumplió en tiempo de Jesús. Por ello se menciona el Espíritu de Dios, una expresión que representa la presencia activa de la divinidad. El Espíritu otorgó la fuerza a Jesús y permitió que la Iglesia continuase lo que Jesús había comenzado a hacer y a predicar. Dentro de cada uno de los discípulos, el Espíritu generó las cualidades adecuadas para esa vida y dispuso a la persona para trabajar en aras del bien de la comunidad.

El misterio pascual es la revelación de un Dios que no se impone, sino que interpela a la libertad y que, con el Crucificado, toma partido por los pobres y pequeños.

El Crucificado, resucita por el poder del Espíritu del Padre, es el Hijo en plenitud. Y todos los seres humanos están llamados a ser hijos del Padre en el Espíritu.

El Espíritu aparece siempre en las narraciones bíblicas como el que suscita la existencia. Aparece en la creación dando orden al caos junto con Dios. Haciendo concebir a María sin obra de varón. Impulsa a Jesús al comienzo de su vida pública. Lo resucita de entre los muertos y finalmente inaugura el tiempo de la Iglesia en Pentecostés.

El Espíritu es el origen de todos los comienzos. El Espíritu es la fuerza que impulsa a cada persona hacia el futuro.

El Espíritu, en cuanto energía que procede del Padre como fuente primera, no puede ser encorsetado. El soplo del Espíritu. No está en lo que nosotros queramos que esté, sino donde él quiera estar.

El Espíritu hace presente a Jesús que vivió entre nosotros.

Afirmando que el Espíritu es memoria, decimos que es presencia en el recuerdo, que es esperanza, libertad y fuerza en la conflictividad. Es la gran esperanza y consuelo para todas aquellas personas que intentan instaurar los valores del Reino en nuestro mundo, aunque el resultado sea el fracaso aparente ante algunos.

Estamos tentados de no ver al Espíritu en esta dimensión de memoria. Pero lo verdaderamente cristiano y sobrenatural es vivir la profundidad de lo humano, la profundidad del proyecto del Padre sobre la humanidad. Lo sobrenatural no es más que lo más auténticamente natural, lo que hay de más profundo y auténtico en el ser humano según el proyecto del Padre.

La Biblia es un libro de relatos. Formada por una colección de libros centrados en la historia del pueblo de Dios. Jesús de Nazaret es una historia: el acontecimiento central de la historia.

La Biblia no es un libro de texto que leeros para informarnos de hechos objetivos y estáticos. La Biblia es un libro de relatos que leemos para identificarnos con sus personajes, implica sentimiento, corazón, imaginación, cosas todas subjetivas y dinámicas. En cada cultura los relatos son el medio por el que la cultura transmite sus valores.

La Biblia, a través de mitos y tradiciones antiquísimas atestigua la trágica experiencia universal de que la historia humana es una historia de maldad, sufrimiento y muerte. La Biblia refrenda esta situación humana, pero también la firme voluntad divina de salvar al ser humano recuperando el designio originario de un vida en comunión semejante a la comunión trinitaria sea un hecho.

La Biblia cristiana es conocida también por el Antiguo Testamento. Hasta la invención de la imprenta en el siglo XV, todas las copias traducidas al latín por san Jerónimo siguen siendo la versión oficial de la Iglesia. Biblia latina: primer libro impreso por Gutenberg.

La Biblia cristiana quedó establecida hacia el s. IV d. C. Como conjunto de libros se los agrupa dentro de dos grandes conjuntos. Integrada por 73 libros, 46 del Antiguo Testamento y 27 del Nuevo Testamento.

No cabe ya que se descubran libros inspirados hasta ahora ocultos, o que Dios inspire otros nuevos.

Fue escrito totalmente en el dialecto que se hablaba en aquella época. A ese griego se le llama koiné o lengua común.

Los textos auténticos de la Biblia son los textos del idioma original primitivo del autor. La labor de fijar cuál es el texto original la realiza la “crítica textual”. Desarrolla un inmenso trabajo de comprobar manuscritos, estudiar las diferentes traducciones, interpretar el sentido de las palabras, etc.

Puede suceder que un libro tenga diferentes autores que han ido aportando a lo largo del tiempo diferentes partes del libro. Pueden describir los diferentes estilos, épocas de redacción. Otras veces se trata de un autor desconocido que firma el libro con el nombre de un personaje famoso por su sabiduría, poder o santidad.

La crítica literaria estudia los textos en su conjunto. Su misión es establecer la época en que el texto fue redactado. Estilo: género literario. La arqueología, el estudio de otras culturas, los progresos de las ciencias, ayudan a este trabajo.

Desde el punto de vista literario constituye una colección de muchos libros diferentes. Representa una auténtica biblioteca.

Los libros de la Biblia y las partes que los componen pueden clasificarse como narraciones, obras poéticas, escritos proféticos, códices legales o Apocalipsis. Sorprende de un forma especial el hecho de que la mayor parte de los libros del Antiguo Testamento contienen varios géneros literarios.

Los principales géneros literarios usados en la Biblia vienen ya sugeridos por la conocida división de los libros sagrados en: Pentateuco (leyes e historia); libros históricos; libros poéticos y sapienciales; libros proféticos; cartas, y Apocalipsis.

Es la Iglesia quien tiene el mandato y el deber de custodiar este tesoro sagrado del cual se nutre toda su vida y su enseñanza. Es la Iglesia quien decide sobre la inspiración e interpretación auténtica de la Biblia. 

En un principio no se propuso ninguna doctrina formal acerca de la inspiración de las Escrituras. Por lo general los cristianos creían que la Biblia contenía la palabra de Dios tal y como fue transmitida por su Espíritu: primero patriarcas y profetas y más tarde los apóstoles.

La doctrina de la inspiración de la Biblia por el Espíritu Santo y de la infalibilidad de su contenido surgió en realidad durante el siglo XIX como respuesta al desarrollo de la crítica bíblica, estudios científicos que parecían poner en entredicho el origen divino de la Biblia. Esta doctrina sostiene que Dios es autor de la Biblia; Biblia es su palabra.

Los autores católicos dan el nombre de “libros apócrifos” a una serie de escritos cuyo tema, título y personajes imitan a los de la Biblia, no han sido reconocidos como inspirados y que por tanto no están incluidos en la lista oficial.

Los veintisiete libros del Nuevo Testamento no son más que una fracción de la producción literaria de las comunidades cristianas en sus primeros tres siglos. Muchos escritos cristianos no canónicos han sido recopilados y publicados como Apócrifos del Nuevo Testamento.

El conocimiento de la literatura de este período se amplió en gran medida gracias al descubrimiento, en 1945, de la biblioteca de un grupo cristiano herético, los gnósticos, en Nag – Hammadi (Egipto). Colección, escrita en copto, ha sido traducida y publicada. Los especialistas han prestado especial atención al Evangelio de Tomás, pretende recoger los proverbios, 114 en total. De los 114 dichos de Jesús, 80 ya los recogen evangelios canónicos.

El año cristiano o litúrgico es el desarrollo de los diversos aspectos del único misterio pascual, que llena todo el año litúrgico con su luz. Comienza Adviento que dura cuatro semanas. En la fiesta de Navidad se celebra de una manera gozosa el nacimiento de Jesucristo.

La Cuaresma es un período de cuarenta días de preparación para la pascua. Se recuerdan los cuarenta días que Jesús pasó en el desierto antes de su ministerio público. La principal fiesta cristiana es la Pascua, que conmemora la resurrección de Jesucristo.

Pasados cuarenta días de pascua se celebra la fiesta de la Ascensión de Jesucristo al cielo, significando con esta fiesta que Él es el Señor del cosmos de la historia.

Diez días después de la fiesta de la Ascensión se celebra la fiesta de Pentecostés, al término de las siete semanas pascuales. En este día la Pascua de Cristo se consuma con la efusión del Espíritu Santo, que se manifiesta, da y comunica como Persona divina. En este día se revela plenamente la Santísima Trinidad. En este día se celebra el envío del Espíritu Santo a los apóstoles y el nacimiento de la Iglesia.

Es un hecho común, dentro de la tradición cristiana, peregrinar a los lugares santos. Estas peregrinaciones ofrecen a los fieles la ocasión de dar firmeza a su fe, hacer ofrendas y expresar sus deseos y esperar alguna concesión.

En la tradición cristiana, la primera peregrinación, es la que lleva a Tierra Santa, además de encontrarse allí los panteones de los patriarcas, concretamente en Hebrón y en el monasterio del Sinaí, se pueden visitar los lugares donde Jesús vivió: su nacimiento en Belén, su bautismo en el Jordán, su predicación en Galilea, su pasión y resurrección en Jerusalén. Hoy, como en tiempos pasados, los cristianos de las diferentes confesiones tienen como culminante peregrinar al Santo Sepulcro.

El también llamado icono de la Trinidad de Andrei Rublev toma como punto de partida la visitación a Abraham de los tres personajes en el encinar de Mambré, es una obra maestra de arte, síntesis del misterio más importante de la fe; una experiencia mística de un cristiano propuesta como objeto de meditación y de elevación espiritual.

El icono muestra tres ángeles, con sus bastones de mensajeros, sentados en contemplación mística alrededor de una gran mesa donde hay un cáliz que simboliza la encarnación. Utiliza una rica simbología de colores y formas de un modo sabio y expresivo.

Los tres personajes llevan bastones largos y rojos. En la antigüedad era símbolo de poder. El bastón rojo se reservaba a los grandes maestros y a los que se dedicaban a la enseñanza.

El trono, sobre el pedestal, indica la diferencia entre el mundo terrestre y el mundo celeste y la primacía de este sobre la tierra.

Un color es común a los tres: el “azul”, que significa la divinidad, la inmaterialidad, la pureza, el absoluto.

El motivo dominante de este incono es el círculo. Una incomparable armonía.

El autor está polarizado en la experiencia de Dios bíblico, que se revela en Jesucristo y se comunica mediante el Espíritu Santo. La idea de Dios es Trinitaria y la expresa dinámicamente en el círculo misterioso que brota de la unidad y desemboca de nuevo en la divinidad.

Como en el círculo se cierra el círculo divino, Él es el portador de la belleza madura y plena de Dios.

Prof. María del Carmen Picón Salvador

Parroquia Santa María de los Ángeles